Patricio Marquinez
Patricio Marquinez
Acompaña a comunidades rurales mediante el acceso a educación, atención médica y agua segura.
La Mención Joven Abanderado es un reconocimiento a chicos y chicas entre 12 y 17 años que ya están haciendo la diferencia. Son jóvenes curiosos, apasionados y soñadores, pero sobre todo comprometidos y en acción. Allí donde hay una necesidad, ellos crean posibilidades. ¿Conocés a alguien así? Postulalo

El proyecto
Fundación San Genaro trabaja junto a niños, mujeres y familias de comunidades rurales del sur de Santiago del Estero, donde el acceso al agua potable, la atención médica y las oportunidades educativas presentan grandes dificultades.
El trabajo parte de conocer cada comunidad y escuchar sus necesidades para desarrollar respuestas concretas. Desde allí impulsan proyectos de educación, salud, acceso al agua, infraestructura escolar y capacitación en zonas rurales de Quebrachos, Salavina, Mitre y Ojo de Agua. En este último cuentan con un equipo local que permite mantener un seguimiento cercano durante todo el año.
El dato
La escuela rural es el punto de partida de gran parte del trabajo de San Genaro. En muchos parajes es mucho más que el lugar donde estudian los chicos: funciona como espacio de encuentro para las familias, referencia para la comunidad y, muchas veces, es la única institución con presencia permanente en el territorio.
El vínculo diario con docentes y escuelas les permite conocer de cerca la realidad de cada comunidad, identificar las necesidades que van surgiendo y sostener un seguimiento cercano.
Qué está logrando
En el último año, San Genaro trabajó con 34 escuelas rurales, 773 niños y 290 familias. Brindó más de 60 talleres de TIC y alfabetización, entregó kits escolares a 500 chicos e instaló filtros potabilizadores en 16 escuelas, que hoy permiten que más de 300 niños accedan a agua segura. Además, su equipo de salud atendió a 156 niños y adolescentes.
El trabajo también alcanza a los adultos de las comunidades. A través de Hacedoras, más de 120 mujeres participaron de talleres donde aprendieron oficios y adquirieron herramientas para desarrollar sus propios emprendimientos.
Su mirada
San Genaro comenzó a tomar forma en 2008, cuando Patricio estaba terminando la universidad y buscaba una manera de involucrarse y hacer algo útil para otros. Después de intentar sumarse como voluntario a distintas organizaciones sin obtener respuesta, un sueño con su abuelo Genaro terminó de impulsarlo a empezar por su cuenta.
En ese sueño, su abuelo le transmitía que, si realmente quería ayudar, debía dejar de esperar que alguien le diera permiso o le abriera una puerta. Así comenzó un proyecto pequeño, entre familiares y amigos, que con los años se convirtió en una Fundación.
El nombre también nació de ese vínculo. “Él, cuando se reía o se sorprendía, decía ‘¡Ay, San Genaro!’, y eso me quedó resonando.”













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